 La actividad en la Ciudad Deportiva de Sant Adrià del Besós no cesa ni en verano. Los principales responsables son Álex García, Albert Villarroya y Eloy Pérez que desde hace ya siete veranos organizan el campus del Espanyol. Lo cierto es que viendo el éxito es normal que decidan aparcar sus vacaciones para participar en una cita que se ha convertido en un clásico de los meses estivales y que cada año que pasa es mejor. Es una gozada ver a los niños y niñas como se divierten y disfrutan jugando al fútbol. Pero no es lo único porque durante los días del campus hacen amigos, se entretienen con otras actividades y aprenden valores tanto humanos como deportivos que a buen seguro les serán útiles a lo largo de su vida.
“El campus”, aclara Álex García, “es un lugar de encuentro de niños y niñas que vienen a practicar deporte, pero con un componente lúdico muy importante. Durante las próximas semanas tendremos un número elevado de niños y lo único que deseamos es que se diviertan y aprendan”. Albert Villarroya recuerda que hace siete años que se construyó la ciudad deportiva y, desde entonces, no han fallado ningún verano: “Nos dimos cuenta de que era un espacio muy grande y al que se podía sacar provecho durante los meses de descanso. Durante la temporada había actividad, pero en verano no, así que decidimos montar el Campus. Llevamos siete años y estamos muy contentos”.
Álex y Albert son las cabezas visibles, pero hay infinidad de personas que consiguen que el campus sea un éxito. “El éxito es la calidad humana que tienen los monitores y personas que colaboran. Hay gente muy metida, muy comprometida y, además, contamos con el apoyo del Espanyol y de Pasatapas”, proclama Villarroya. “El personal que colabora es titulado y lleva muchos años trabajando con nosotros. El día a día marca la pauta y tampoco podríamos hacer nada sin el excepcional trabajo del personal del bar, mantenimiento, secretaría, etc.”, subraya García. “Este año ha trabajado con nosotros el entrenador del Juvenil A Ramón Guerrero y otros cuatro entrenadores del fútbol base. La primera semana tuvimos un récord absoluto con 203 niños y niñas, y aunque en agosto baja un poco, creo que tendremos récord de participación”, indica Villarroya.
Funcionamiento
La participación en el campus comienza con una charla de bienvenida en la que se aclaran los diferentes conceptos a los padres. “Les comentamos varias cosas como, por ejemplo, que los niños vengan desayunados y traigan protección solar. Además, les recordamos que es un campus de fútbol y que se da importancia al trabajo físico, pero también les informamos que no descuidamos otras actividades como la piscina o el futbolín. He de decir que partimos con ventaja, porque si lo traen, es porque confían en nosotros”, destaca Álex. Los niños se dividen por grupos y modalidades. Hay diferentes opciones (internos, tecnificación, etc.) en función de los requerimientos de los niños. “Intentamos dar al chico lo que quiere. Si quiere tecnificación, la tendrá. Si, en cambio, es más pequeño se opta por otro tipo de trabajo”, aclara Villarroya.
“Tenemos una relación nominal de las personas que vendrán, la edad que tienen y a lo que están apuntados (si son internos, mañana, tecnificación). Cada uno realiza un trabajo delimitado. Por ejemplo, si te apuntas a tecnificación estás dos horas y sólo te dedicas a eso”, aclara uno de los monitores, Fran Villarroya. “Es una sensación bonita. Tienes la sensación de poder transmitir todo lo que has aprendido e incorporado a lo largo de tu carrera a estos chicos y que intenten aprender algo”, explica otro de los monitores, Dídac Jerez.
Las chicas
Una de las grandes apuestas de esta temporada ha sido el campus femenino. Para ser la primera edición, los organizadores están muy satisfechos. “Creo que tendremos un total de 50 chicas. Hemos logrado nuestro objetivo y estoy seguro que el año que viene tendremos el doble. Nosotros no hacemos demasiada publicidad del campus y esto funciona por el boca a boca. El primer año siempre es más complicado, pero luego todo va más rodado”, afirma Villarroya. “Para ser el primer año la apuesta nos ha salido bien”, confirma Emilio Montiagut (ex entrenador del Femenino A). “Para las niñas es una gozada tener a jugadoras de tanto nivel como Miriam, Vicky o Elena de profesoras, porque son futbolistas de mucha calidad que juegan en la Superliga e incluso alguna es internacional. Para ellas es una gozada, porque las conocen y las admiran”, añade.
Viendo el entrenamiento de las chicas, uno observa que son muy disciplinadas y que tienen muchas ganas de aprender. “Hay un nivel muy bueno. Las chicas van mejorando a medida que pasan los días. Para todos es muy divertido”, opina la jugadora Vicky, que ejerce las veces de monitora. “Algunas chicas sí que nos conocen y seguramente les va bien trabajar con nosotras para poder mejorar un poco más. Sería muy bonito que alguna de ellas consiguiera lo mismo que nosotras y que en diez o veinte años alguna de ellas estuviese donde yo estoy ahora”, sentencia Miriam.
No todo es fútbol
Son muchas las horas que los niños se pasan jugando a fútbol, pero en el campus se ofrecen muchas actividades complementarias. “Tenemos mesas de ping-pong, futbolines, van a la piscina… Este año, además, hemos podido utilizar la sala de proyección para ver vídeos. Hacemos actividades de bajo desgaste físico para que se puedan recuperar para el entrenamiento de la tarde”, comenta Álex. De todas maneras, que nadie piense que todo acaba aquí, porque el objetivo del campus siempre es mejorar. “Intentamos perfeccionar la oferta cada temporada y ajustarnos a las demandas de los niños. Recogemos los problemas del año anterior e intentamos solucionarlos para que todos acaben satisfechos”, sentencia Villarroya.
RCD Espanyol.cat |