El Celta B se pierde en los grandes espacios ante un mediocre Ponferradina
Derrota que hubiera debido ser empate. Lo fue, de hecho, pero el juez de línea, un vicioso del banderín, aconsejó la anulación del tanto con el que Oriol abría el marcador en la segunda mitad. Su compañero de oficio fue más generoso con la Ponferradina. Dio validez al gol de Rubén en el único error de la retaguardia celeste. Se llevó los tres puntos el candidato al ascenso, aunque los contendientes se igualaron en méritos. En la pobreza de los mismos, quiere decirse.
Al Celta B se le atragantó Balaídos. Los del filial sueñan con el campo grande, con la pradera sobre la que lucir su teórica superioridad técnica, pero llevan el corralito de Barreiro en las entrañas. El aire fresco les mareó. Fue un ataque de agorafobia. Ni un solo cambio largo de juego, apenas algún desmarque en ruptura de los delanteros... Celta B y Ponferradina se achicaron los espacios mutuamente, como dos boxeadores que se agarran en la esquina,
Para correr bien hay que pensar primero. Al conjunto de Alejandro Menéndez le faltó quien le diese la pausa. Era el papel que por clase le correspondía a Iago Aspas, pero el moañés no logró sincronizarse con sus compañeros. Se pasó el choque proponiendo sociedades que nadie era capaz de interpretar o batallando contra el mundo. En la histeria y el toque febril se fue pasando el encuentro, con la Ponferradina contagiando o contagiada de la misma enfermedad. No existía correspondencia alguna entre el griterío de los hinchas, que hicieron de su grada un pequeño The Kop, y el juego de un equipo que Óscar de Paula decora. Hasta que Jordi, impecable como lateral, picó en el señuelo y el interior se le coló para asistir a Rubén.
Y ahí se murió un choque que había nacido en coma profundo. Salió Joselu, pero para centrar lo que debía estar rematando en el área. A la joya de la cantera tal vez le esperen muchas tardes en Balaídos. De momento, su fútbol y el del filial es de Barreiro o A Madroa.