 El Ontinyent se ha despertado sobresaltado. Los de la Vall d'Albaida vieron ayer cómo el bello sueño de jugar la promoción de ascenso a Segunda se rompía en mil añicos. Los blanquinegros perdieron contra el ya descendido Espanyol B. Las noticias que llegaron de Benidorm no pudieron ser peores. El resultado de Foietes dejaba sin opciones a los valencianos. Ya no era necesario echar de transistor para conocer el resultado del Orihuela.
La lucha por el ascenso es desde ayer historia para un equipo que estaba diseñado para lograr la permanencia. Una espectacular segunda vuelta ha llevado al Ontinyent a luchar por las cotas más alta. Sin embargo, los guarismos de las últimas jornadas han devuelto a los de la Vall d'Albaida. Seis partidos y una sola victoria no son números de un equipo que quiere aspirar a la promoción.
Los valencianos se toparon, además con un rival que ofreció la mejor versión de si mismo. El Espanyol B se despedía de su público y quería hacerlo con una victoria. El filial blanquiazul jugó como no lo ha hecho en prácticamente toda la temporada.
La vocación de los catalanes fue totalmente ofensiva. El filial halló el justo premio a su ambición y aniquiló todas las opciones del Ontinyent. En la primera parte, el Espanyol B rompió el marcador por mediación de Fran.
Esto es lo peor que le puede pasar a un equipo que se está jugando la vida: encajar un gol frente a un contrario para el que el partido es intrascendente. El Espanyol B estuvo totalmente sereno y supo jugar con el resultado y con un Ontinyent al que le pudo la ansiedad.
Los de la Vall d'Albaida necesitaban dos goles y trataron de marcar el segundo antes que el primero. Los valencianos se fueron desquiciando al estrellarse una y otra vez contra un filial desconocido.
El Espanyol B estaba desatado y pronto llegó el desastre. Palanca consiguió el segundo tanto del filial catalán. Quedaba tiempo, pero la decoración del encuentro no invitaba al optimismo.
Los minutos fueron cayendo como losas encima de la moral del Ontinyent. Ahora tocaba marcar tres goles. Las noticias que llegaban desde Benidorm acabaron de hundir a un Ontinyent que ha tenido el sueño demasiado cerca.
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