 Los de Tejada, a pesar que se pusieron 2-0 ante el Depor, acabaron en la prórroga con uno menos y sufriendo. En los penaltis, cuando todo parecía perdido, surgió la figura de Antonio David, que detuvo una pena máxima y transformó el último penalti. Ahora los sevillistas lucharán por la final contra el ganador del UD Las Palmas-RCD Espanyol
El División de Honor se ha impuesto ante el Dépor en un agónico encuentro en el primer asalto de la Copa de Campeones, metiéndose en el choque decisivo de su grupo, paso previo a la gran final. Fue un partido intenso, emocionante, que aunque parecía virar para el Sevilla se torció cuando con 2-1 a favor Nelson fue expulsado con roja directa y los gallegos un minuto después empataban. Se llegaba a la prórroga con uno menos y para colmo Juan Cala estaba medio lesionado. Ni el más optimista pensaba en la victoria, pero se ganó rozando la estoicidad con el portero Antonio David como auténtico héroe.
El choque se ponía de dulce cuando Adrián en el minuto 24 adelantaba a los nervionenses. Siete minutos más tarde Hugo ampliaba diferencias. Todo era azúcar pero a la copa de buen vino le cayó agua cuando el Depor acortó distancias antes del descanso. En la reanudación el encuentro se convirtió en un correcalles muy disputado y cuando parecía que todo tocaba a su fin en Colmenar Viejo llegó la tragedia. Primero Nelson fue expulsado y casi acto seguido el Depor empató, convirtiéndose la prórroga en un verdadero suplicio para los hispalenses.
Costó aguantar, los gallegos asediaron el arco de Juan Martín, incluso un balón se estrelló en el larguero hispalense, pero los andaluces resistieron con gallardía. Antes de llegar a los penaltis, en el descanso de la prórroga, Ramón Tejada hizo un cambio en la portería, dando entrada a Antonio David, que se convirtió en el héroe de la contienda. El entrenador se ganó el sueldo con creces con esa decisión.
Comenzaron a lanzarse penas máximas. Erró Cantizano, el Depor se ponía en ventaja. Llegaba el último tiro. Si los gallegos marcaban se acababa la historia. Así es el fútbol, así es de cruel en ocasiones. Pero entonces apareció la estela de Antonio David, que emuló a Palop, casi un año después de la gran noche de Glasgow. El canterano sacó una manopla tremenda y salvó la papeleta. Luego lanzó el Sevilla, marcó y se dio paso a la muerte súbita. A partir de ese momento, los errores se transformaban en guillotinas que cortaban ilusiones de unos chavales sedientos de éxito. El primero en lanzar fue el Depor, que mandó el cuero arriba. Un gol metía al Sevilla en la final del grupo. Obviamente, el llamado a ajusticiar a los gallegos tenía que ser ese portero que estaba escribiendo con bella letra su particular tarde de gloria. Cogió el cuero Antonio David, lo colocó en el puntito blanco y lo reventó con toda su alma al fondo de las mallas, desatando la locura de los sevillistas. Monchi, en directo, presenció el espectáculo, seguramente orgulloso por su doble condición de cancerbero y sevillista. En resumen, una gesta inolvidable de los juveniles, que celebraron la victoria a lo grande en el vestuario. No era para menos, claro está.
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