 Se cumplieron los pronósticos, aunque con más apuros de los esperados, y el Real Zaragoza B se vuelve a meter en la final de la Copa Federación, donde ya le espera el Monzón. Fue un encuentro muy intenso donde la incertidumbre del marcador se mantuvo hasta el final, empujando los locales hasta el último aliento pero son suerte.
El partido empezó fulgurante y con un ritmo propio de superiores categorías, pues sin apenas tiempo de sentarse los espectadores en sus asientos ya se cantó el primer gol, obra de Víctor para el Teruel, gracias a un afortunado rebote que finalmente acabó dentro de las redes de Dorronsoro. Pero poco duró la alegría entre los rojillos pues en el minuto siguiente, sin tiempo para respirar, Raphael le robó la cartera a un confiado Tolosa y se aprovechó para llevar el empate al luminoso. No se podía pedir más en menos tiempo, pero la cosa no quedó ahí, ya que tras estos primeros compases, en el minuto diez, tras el saque de un córner rechazado por la defensa zaragocista, Rivera empalmó un zapatazo desde el borde del área que se coló sin que el guardameta del filial pudiera hacer nada para detenerlo.
Tras la reanudación, el Teruel tomó definitivamente las riendas del encuentro y se hizo con el balón. El Zaragoza B se dedicó a administrar su renta, pero en los minutos finales llegaron los agobios para los visitantes, solventados con tres extraordinarias intervenciones de Dorronsoro que salvó a los suyos de la eliminación. Tras el encuentro, Emilio Larraz sacó la nota positiva de que "al menos hemos logrado ganar a uno de los grandes, que era una asignatura pendiente".
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