 “El portero es un jugador diferente al resto, porque nace y luego se perfecciona. Cuando era pequeño mi padre nos pasaba la pelota a mi hermano y a mí. Él siempre regateaba o conducía el balón, mientras que yo me tiraba a por él sin miedo. Estaba claro lo que me esperaba”. Así comienza su historia Josep Lluís Navas, entrenador de porteros del Espanyol desde hace 23 años. Nuestro protagonista ha vivido casi toda su vida en blanquiazul. Comenzó jugando en las categorías inferiores del club antes de pasar por varios clubes de la geografía catalana (Sabadell, Mataró, Ripollet, Poble Sec y Vilanova entre otros). En su época final comenzó a cursar el título de entrenador y allí se hizo muy amigo de Juanjo Díaz. “Un día me lo encontré saliendo de El Corte Inglés y me preguntó: ¿Qué te parece si vienes a trabajar al Espanyol? No me lo tuve ni que pensar y al día siguiente ya estaba allí”.
Navas vivió la época más dura del fútbol base cuando los equipos del Espanyol se entrenaban en diversos campos (Piscinas y Deportes, SEAT, Esplugues, Taxonera, Eduard Aunós o La Caixa). “Decían que teníamos la ciudad deportiva más grande del mundo”, recuerda con gracia. “Cada día tenía que ir a un sitio diferente a entrenar y siempre con las pelotas en el coche. Antes no era lo mismo ser entrenador del Espanyol. Entre Manel Casanova y yo hacíamos de todo e incluso ejercíamos de directivos. Más de una vez estábamos en el palco representando al club”, añade. El técnico explica que durante su etapa en el club se ha visto obligado a hacer de todo. “Un día fuimos con el sub-19 a jugar en Hospitalet, nuestro campo. Por algún error el campo estaba cerrado. Tuvimos que saltar la tapia, colarnos en el campo y comenzar a pintar las líneas del terreno de juego”, rememora con gracia. Y es que Navas es uno de los pioneros del fútbol base blanquiazul junto a Juanjo Díaz, Josep Manel Casanova, Albert Villarroya o Ángel Esteban, como se apresura a recordar. “Entonces era muy complicado trabajar. A veces faltaba un poco de comunicación, aunque con buena voluntad se arreglaban todos los problemas. Por entonces, teníamos una cantera a años luz de las principales en España. Ahora, ya no”, asevera Navas, quien profesa una gran admiración por Casanova. “Puede estar trabajando solo o con 32 personas y conoce a todos los futbolistas de la cantera. Pero no sólo los que juegan en el Espanyol, sino de la mayoría de equipos. Es un fenómeno”, remarca.
Por las manos de Navas han pasado un sinfín de porteros. Muchos se quedaron en el camino y no debutaron en Primera División, mientras que otros sí lo lograron. “El primero que llegó fue Raúl Arribas. Le fichamos del Mollet. Luego llegaron Conde, Maestro, Argensó –que se tiraba como un loco aunque el campo estuviese lleno de piedras-, Biel y Gorka. Tuvimos que pulirlo bastante, pero al final ha llegado lejos”, apunta. El técnico insiste en que muchos se quedaron por el camino: “Teníamos un portero que se llamaba Busquets. Llegó a la selección y su suplente era Iker Casillas. Hace unos años se lo comenté a Iker y me preguntó por él. Ahora ha dejado el fútbol. No creo que haya un modelo único de portero que pueda llegar a Primera División porque depende de muchas circunstancias, de momentos, de entrenadores…”, evoca. “De todas maneras, lo que más agradezco es que todos aquellos jugadores que han pasado por mis manos me saluden cuando me vean. Es un detalle pequeño, pero es lo que más aprecio. Otra cosa que me hace mucha ilusión es que el 80% de los porteros que han pasado por aquí luego se han dedicado a entrenar”.
Su campo: la portería
Explica nuestro protagonista que en sus últimos años como futbolista se acercaba antes a los entrenamientos para ayudar a los chavales del Viladecans. Desde entonces mucho ha cambiado el mundo del fútbol. “El de portero es el puesto que más ha cambiado en el mundo del fútbol. Antes sólo utilizaba las manos, mientras que ahora es un especialista y tiene mucho más protagonismo. Antes, por ejemplo, cualquier cesión se podía recoger con la mano mientras que ahora ya no. Incluso pienso que dentro de unos años sólo podrá blocar con las manos los remates directos. El fútbol evoluciona y siempre se perjudica al portero”, señala. Y es que los cambios han obligado al entrenador a cambiar los métodos de trabajo. “Antes las defensas era mucho más duras y los remates casi todos eran desde fuera del área. Ahora, en cambio, se castigan más las faltas y los atacantes rematan desde más cerca. Es por ello que debemos trabajar otros aspectos. Insistimos en las distancias cortas, en la coordinación, en la agilidad, en la visión de juego… Has de ser muy fuerte mentalmente y eso es algo en lo que también se trabaja”, relata.
Navas explica que programa sesiones de entrenamiento en las cuales se trabaja aspectos específicos del partido y en otras el resto de aptitudes o características que requiere un portero. “Es un puesto que se ha especializado mucho. El guardameta debe leer mejor los partidos y cumple una función muy importante sobre el terreno de juego”. Además, recuerda que es un puesto en el que muchas veces uno puede sentirse solo. “Pienso que si no has sido portero a veces es difícil entender la psicología del guardameta. De un año a otro puedes pasar de ser titular a ser suplente y eso no es fácil de digerir”, aclara. Asimismo, insiste en que es demarcación poco agradecida. “Un delantero puede fallar tres oportunidades y no suele pasar nada, mientras que el error de un portero suele acabar en gol. El análisis debería ser más frío”, comenta.
¿Y el futuro?
Casi todos los niños sueñan con ser Raúl Tamudo. De todos modos, parece que otros muchos quieren emular a los Kameni, Lafuente, Javi Ruiz, Casilla, Becerra, etc. “Tenemos 80 porteros en la escuela con edades comprendidas entre los 5 y 12 años. Además, yo tengo una escuela de porteros con otros 60 niños. El trato que les damos y la manera que tenemos de hacer las cosas hace que muchos se animen y vengan a entrenar con nosotros. Es bueno que haya porteros como Kameni o Íker Casillas, porque los niños quieren parecerse a ellos. Pienso que tenemos un buen futuro asegurado”, afirma.
Su Espanyol
Navas comienza su jornada laboral a las 8 de la mañana y hasta las nueve y media no llega a casa. “Sabía antes de nacer que era del Espanyol. Para mí es un orgullo y un honor haber jugado y entrenado en el Espanyol. Es el no va más y de ahí todos los sacrificios que he hecho a lo largo de mi vida por este club. Hemos trabajado mucho y ahora estamos en un gran momento y disponemos de una ciudad deportiva en la que estamos muy bien y que es una mina. Me gusta esto y es mi vida”, destaca este técnico, quien contempla el futuro con optimismo. “Dentro de nada tendremos un nuevo estadio que va a ser la culminación de todos nuestros sueños. Vamos a volver a tener nuestra casa y eso es algo especial para los pericos”. Mientras tanto, Navas continuará lanzando balones, corrigiendo y formando porteros para que algún día pueda defender una de las porterías del nuevo estadio.
Extraido de RCD Espanyol.cat |