 Técnico del alevín B del Barça. Ha acumulado premios por haber protagonizado el gesto deportivo del 2007. Acaba de ser galardonado por los Reyes y ayer se despidió de sus niños hasta septiembre
--Para que se haga cargo del tipo de entrevista: el caso que nos ocupa data de hace más de un año cuando usted obligó a sus jugadores, de 11 años, a que se dejasen empatar después de que Mamadú, uno de sus niños, aprovechara un saque de banda, cedido por el rival para que atendiesen a uno lesionado, para marcar un golazo.
--En efecto, era un Barça-Espanyol en Perelada y, tras dejarnos empatar, acabamos ganando, curiosamente con un gol válido del propio Mamadú, un niño, hijo de senegaleses afincados en Catalunya, al que todos en el vestuario llaman Papadú por su maravilloso caracter y generosidad.
--Los Reyes le entregaron, el pasado martes, el Premio Nacional al Juego Limpio y tengo entendido que usted empieza a estar ya un poco harto de tantos galardones.
--No, se equivoca. He recibido ya ocho premios por ese gesto. Estoy muy orgulloso de ello, muchísimo. Y lo estoy por mis jugadores, por sus familias, que comprendieron aquel gesto, por mi club, donde la educación prima sobre la competitividad, y sobre todo, porque, por fin, el deporte base recibe un premio de enorme reconocimiento. Nada de todo eso me impide preguntarme, con cierto escepticismo, qué mal está el mundo si lo que se premia es la normalidad. No hice nada que no hubiese hecho cualquier otro técnico de fútbol base, cualquier padre.
--¡Mentira! A usted le he oído decir que los padres son uno de los mayores problemas que tiene a la hora de educar a sus futbolistas.
--Todos los padres de niños futbolistas creen tener a Ronaldinho en su casa. Bueno, en nuestro caso, a Bojan Krkic, que es el modelo a seguir por todos nuestros niños. Pero, sí, la verdad es que los padres, a veces sin querer, nos complican las cosas.
--¿En qué medida les torpedean?
--Jamás tienen un no para su hijo. Yo tengo el mismo problema que tienen los profesores del colegio: les digo más veces no a estos niños que a sus padres. Pero le voy a decir una cosa: yo saco más de ellos que ellos de mí. Para mí, estar con estos niños es un placer. Una hora entrenando con ellos te deja la cabeza limpia, te deja como nuevo. No hay nada más maravilloso en esta vida que los niños, que trabajar con niños ¡Nada!.
--¿Les pide las notas?
--Les pido las notas cada trimestre. Y son excelentes. Estos niños vienen cada día desde muy lejos para entrenarse. Tenemos taxis que los traen y llevan desde pueblos de Tarragona, Lleida y Girona. Ellos aprovechan las horas de viaje para hacer los deberes, para estudiar. Se hacen más fuertes, más sacrificados y sacan buenas notas. Nosotros, no le voy a engañar, utilizamos el arma del fútbol para que estudien. Si suspenden, no juegan. Y, créame, no hay nada peor para un niño de 11 o 12 años que dejarlo en el banquillo.
--¿Se atrevería a dar un consejo a los padres de los niños-futbolistas?
--No soy nadie para hacerlo, estoy separado y no tengo hijos, pero me gustaría que dedicasen el mismo tiempo que dedican a hablar con sus hijos de fútbol a hablar con los profesores del cole, con el tutor de su hijo para saber cómo va su educación.
--Tengo la sensación de estar hablando más con un profesor de colegio que con un entrenador.
--Es que no soy entrenador. A mí el fútbol no me interesa como deporte, me interesa su parte pedagógica, educativa, de formación. Yo soy el segundo padre, el segundo tutor de 20 niños de 11 años durante nueve meses, y eso me convierte en un ser privilegiado. Y disfruto con ello.
--O sea, que usted no los machaca ni técnica ni tácticamente.
--A esa edad, los niños han de pasárselo bien y punto. Jugar y empezar a empaparse del estilo que gusta en el Camp Nou. Ya sabe, posesión de balón, juego ofensivo, defensas que la toquen, extremos abiertos y, por supuesto, un 6 como referencia. A esas edades, tú, futbolísticamente, no puedes aportarles nada. Lo único que puedes hacer es ayudarles a crecer y educarlos como personas. El jugador nace y si consigues que se convierta en persona, ¡bingo!, has logrado cumplir tu objetivo. ¿Por qué? Porque alguien educado en esa escuela, léase Puyol, Valdés, Xavi, Iniesta, Messi o Bojan, es un niño que deja de ser individualista, que vive y trabaja en y para el equipo.
--Hablando de equipo, ¿me puede dar su opinión de Pep Guardiola?
--Tampoco soy el más indicado. Solo le diré que si tenemos el mejor fútbol base del mundo, ¿por qué no podemos tener un entrenador nuestro, de casa, de nuestra escuela, en el primer equipo?. Guardiola es un ejemplo a seguir en todo. No he conocido en mi vida un técnico que trabaje más que él, que viva, coma y duerma pensando en el fútbol. Nadie puede imaginarse lo que significa para ese muchacho entrenar en el Camp Nou. Pep transmite ilusión, contagia alegría, provoca esperanza. Y tiene la ilusión de un niño. Es igual que ellos: una esponja, quiere aprender, ser mejor cada día. El Barça no sabe la suerte que ha tenido de descubrir a Pep.
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