 En la calle, como cualquiera de los otros muchos chicos en Argentina, allá se inició su vida, allí comenzó su pasión. Entre latas y piedras las porterías, entre los pies el alma, el balón. Raro es el rincón argentino donde no hay un grupo de chavales que persiguen un sueño tras un balón. Aquellos son algo más que partidos, aquello es una forma de construir un futuro, con gambetas y patadas: el balón puede ser un billete de ida hacia el futuro, la válvula de escape para salir de allí.
Germán Pacheco fue uno de aquellos chicos, hoy es un delantero del Atlético de Madrid Juvenil División de Honor. Comenzó a dar patadas a un balón por Buenos Aires y tuvo la oportunidad de salir de ahí. Su madre vio sus cualidades, sintió que valía, y no dudó en llevarle a unas pruebas en Vélez. No quería que desperdiciara sus cualidades en la calle, pero no fue fácil, claro que no fue. A Pacheco la vida le dio su primer revés hace unos años cuando regresaba a casa con su padre. Una ola de violencia y secuestros se había desatado en Buenos Aires y aquella noche, cuando regresaba a su casa con su padre, dos ladrones les atracaron pistola en ristre, entrando en su casa y robándoles todo lo que tenían.
El padre quería lo que quieren todos los padres, lo mejor para su familia y no dudó ni un instante volar a Madrid en busca de un sueño, de una tranquilidad alejada de la violencia que recorría Buenos Aires. Habló con unos familiares que vivían en la capital española, aceptó un trabajo, y junto a él voló toda su familia. Germán tenía que dejar su equipo, su Vélez, pero consiguió una prueba con el Atlético de Madrid. Dos años han pasado desde ese día y su vida ha virado en muchos sentidos: desde entonces no ha parado de experimentar continuos cambios.
Algunos le comparar ya con Kun Agüero. Igual que ocurre con la estrella del primer equipo, la gente calla cuando corre con el balón en sus piernas o, incluso, cuando se detiene para lanzar una falta. El Real Madrid ya fue testigo la semana pasada de sus habilidades. Los rojiblancos perdían 4-1, faltaban veinte minutos para el final y jugaba con diez, pero el argentino ayudado por su fiel compañero, Borja González, consiguió tres goles, 4-5, le dio la vuelta al marcador. Ha pasado una semana, pero Germán mantiene nítidos los recuerdos de este partido: “me acuerdo del primero, porque fue el más bonito, una vaselina desde la frontal del área. Acababa de fallar un penalti y me dio confianza, aunque lógicamente el cuarto fue ilusionante, pues supuso el empate”.
No es un chico de muchas palabras, pero sí choca hablar con chaval de 17 años, ya que no es tímido y razona de una manera considerable. Parece que Germán lleva toda una vida en los terrenos de juego. Sabe qué ha de hacer dentro y fuera del campo. Su padre, que el año pasado entrenó al juvenil de Las Rozas, es su fiel consejero. Sabe qué pasa por su cabeza, le lleva con tranquilidad. Parecen hermanos. Y disfrutan cada quince días acudiendo al Vicente Calderón para ver a sus ídolos. Acompañados de parientes de Kun Agüero, disfrutan como dos jóvenes seguidores. Germán mira a Agüero y sueña con el día que llegue al primer equipo y puede compartir con Agüero su juego. “¿A quién no le gustaría jugar con él? No soy una excepción, todos los que estamos en la cantera rojiblanca soñamos con ese día”, dice.
Es consciente de las dificultades, de lo complicado del sueño, quiere ser profesional y no dudaría en volver a emigrar y llevarse con él a toda su familia, aunque hoy su cabeza está llena de sueños en rojo y blanco. Su hermana está perfectamente integrada en Majadahonda y él se ha hecho un hueco en el instituto, es el único jugador, de la cantera rojiblanca, de fuera de Madrid, que no asiste al mismo colegio que el resto de sus compañeros. “No importa, ya estoy perfectamente integrado a la ciudad, me gusta. No he tenido problemas para adaptarme”, reconoce.
Tiene una fuerza y una vitalidad impropia de su edad y no dudaría en volver a empezar de nuevo con tal de cumplir su gran sueño, ser futbolista profesional. “Soy media punta, zurdo, tranco largo, potente y rápido. Me siento cómodo en esa posición, estar al lado del enganche y arrancar hacia el área", explica el chaval.
La memoria se le vuelve atrás y sigue recordando la victoria contra el Real Madrid. "Fue muy lindo. Un sueño. No todo el mundo puede decir que le ha marcado tres al Madrid. Estoy orgulloso de mí, pero todo fue mérito del equipo", asevera.
En los últimos seis partidos, suma diez goles. Para Germán el derbi con el Real Madrid es como los partidos de máxima rivalidad con San Lorenzo, pero superior a ese clásico argentino. "Un San Lorenzo-Vélez es comparable a un Atlético-Madrid. Pero marcar tres contra el equipo blanco es más bonito porque juegas en Europa y es ante un grande del fútbol", dijo.
Ahora, el punta de las categorías inferiores rojiblancas quiere continuar progresando para coronar su nuevo sueño, el de compartir su fútbol con el de Kun Agüero.
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