 Cuando uno es jugador del Barça, lo es las 24 horas. Dentro y fuera del campo. Esa imagen, esa representatividad te obliga a mucho. Los canteranos lo saben mejor que nadie. En el fondo, no obliga solo a los futbolistas. También a los técnicos y a los directivos.
Siempre he sido un gran defensor de la cantera. Por muchas razones. Los chicos que suben desde las categorías inferiores saben lo que cuesta ascender hasta el primer equipo. Los que llegan, suelen estar preparados como los mejores, vengan de donde vengan. Llegan preparados futbolísticamente por años de esfuerzo que les ha permitido destacar sobre los demás, en una selección deportiva durísima; llegan perfectamente conocedores de lo que es el club; y llegan también con una enorme capacidad para valorar las cosas tras comprobar cuánto les ha costado conseguirlas.
Los canteranos darán un plus que nadie más puede dar: defienden mucho más al Barça. Lo defienden siempre, en los buenos y en los malos momentos, en el campo y fuera de él. Este año se ha vuelto a comprobar. Igual que en años anteriores, cuando el equipo cayó eliminado de alguna competición, cuando pasó una mala racha, la gente de casa ha salido a dar la cara. Y en la gente de casa incluyo a Messi, aunque sea argentino. Llegó con 13 años, es uno más de ellos. Defienden más al Barça por el sentimiento que tienen hacia esos colores.
VEO fundamental una virtud: la humildad. Para cualquier profesión, pero sobre todo para el fútbol. Incluso en los niveles en los que se mueve a nivel profesional. Y a la humildad le añadiría capacidad de trabajo y buen entorno familiar. Son cuestiones básicas, importantísimas en los más jóvenes, porque ayudan a que nadie se salga del camino correcto. Hay muchos chavales que hacia los 16 años pueden apartarse de ese camino si no tienen alguien ahí al lado que les corrija y les asesore, que les dé un toque de atención. Entonces, cuando no tienen a los padres cerca, debe existir el control del club.
Los jóvenes tienden a imitar a sus ídolos. Pasa siempre. Uno mira a los mayores y se fija en los que más les gusta, esa virtud, aquella característica para adaptarla a su juego, para aprovecharla, para mejorar. Y los jóvenes deben tener buenos ejemplos a los que seguir.
EN LA FORMACIÓN de los canteranos deberían evitarse dos errores. Uno: pensar que, con lo difícil que es que uno llegue al primer equipo, se descuide ese control y el club baje la guardia. Dos: pensar que no vale la pena estar tan pendientes de los chicos porque siempre se podrá fichar; esa prepotencia de pensar que como somos el Barça y somos solventes, iremos a buscar lo que no tenemos en casa. No es cierto: el canterano que viene desde abajo te da lo que otros futbolistas te dan. Lo que decíamos antes: la preparación, la valoración de las cosas y el sentimiento hacia unos colores.
El trabajo de cantera es largo y oscuro. No se ve. Es oscuro por lo silencioso, por lo discreto y lo poco llamativo. Pero valiosísimo. Y hay que creer en él. Pero creer de verdad. Creer por el beneficio del club, de los chicos, no por el beneficio económico que pueda recibir alguien por el simple hecho de promover el ascenso de un canterano al primer equipo.
Un club es más grande cuando más y mejor se ocupa de estas pequeñas cosas.
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