 Una simple mirada al pasado basta para demostrar, a pesar de muchos, su inexorable paso y dejar al descubierto un amplio abanico de recuerdos. Experiencias que, en el caso de un futbolista, no dejan a nadie indiferente. Buena fe de ello puede dar Andrés Iniesta. A sus 24 años, y con toda una carrera por delante, es todo un ‘veterano’ en el FC Barcelona; un jugador que, pese a su juventud, ha vivido numerosas aventuras en el club. Sus 12 temporadas en él, media vida de color blaugrana, así lo avalan.
Fuentealbilla vio crecer a aquel chaval tímido, callado y tranquilo. Un talento en bruto que, a sus ocho años, dejó la pista de fútbol sala de su pueblo para dar el salto al Albacete. Fue ahí, en las categorías inferiores del conjunto manchego, donde el pequeño Iniesta creció como futbolista. El escaparate de Brunete hizo el resto. Fue nombrado mejor jugador del campeonato y los ‘grandes’ no tardaron en llamar a la puerta. Entre ellos, el Barça. Su vida estaba a punto de cambiar por completo. Pese a las dudas iniciales, el chaval de Fuentealbilla decidió emprender un viaje rumbo a La Masia; una aventura que, doce años después, todavía no ha llegado a su fin.
Fue en septiembre de 1996 cuando Iniesta cambió su La Mancha natal por Catalunya; sus orígenes por su futuro. “Una semana antes de instalarme, Oriol Tort, el coordinador del fútbol base, nos invitó a mí y a mi familia a enseñarnos las instalaciones”, recuerda. La inmensidad del Camp Nou y de un club de la talla del FC Barcelona se le acababa de presentar y, aunque todavía indeciso, decidió dar el paso. “El primer día vine con mis padres y mi abuelo. Nada más dejarme en La Masia, en mi primera noche ahí, lo pasé muy mal”, explica. Fuentealbilla quedaba lejos. Un sinfín de recuerdos y vivencias de niñez que, de golpe y porrazo, se encontraban a demasiada distancia. La mezcla de sensaciones borró, por cierto tiempo, la gran oportunidad que se le había brindado: “Al principio me costó adaptarme. Los primeros meses se me hizo muy difícil tener que asumir el haberme separado de los míos. Siempre había estado con mi familia y mis amigos en el pueblo… fue muy duro”.
Pensamientos que, con el paso de las horas, días y meses, quedaron en el olvido. Las nuevas amistades y, sobre todo, las ganas de mejorar, fueron su mejor receta. “Vine a Barcelona con la intención de aprender al máximo para llegar algún día al primer equipo. Era inevitable no pensar en ello porque justo delante de La Masia podía ver el Camp Nou. Al principio fue difícil y pensé que el mundo se acababa para mí, es cierto. Pero luego me di cuenta de que, en realidad, lo que se me abrió era un mundo mucho mejor”, señala antes de afirmar que el viaje que un buen día tomó aquel chiquillo “ha valido la pena”.
Cuatro años fueron suficientes para dar los primeros frutos. ¡Y qué frutos! Con el galardón de mejor cadete del mundo bajo el brazo, Iniesta cuajó una temporada, la 2000-2001, repleta de recompensas. ¿Su mérito? La tenacidad, implicación, trabajo y sacrificio de un chaval de 16 años. Comenzó, como le tocaba, en el Juvenil blaugrana. Su tremenda calidad le permitió dar el salto al Barça B. Y para colofón, el caramelo más apetecible para cualquier chaval que, como Andrés, soñaba en triunfar algún día en el Barça. Serra Ferrer, entonces técnico de la primera plantilla, le convocó en más de un entrenamiento: “No me lo podía creer cuando Carles Naval, el delegado, me llamó y me lo dijo. Yo sólo tenía 16 años y ya pude trabajar con un equipo en el que estaban Guardiola, Rivaldo, Kluivert…”.
Una ‘nimiedad’ comparado con lo que le aguardaba dos años más tarde. Fue en la 2002-2003, cuando Louis Van Gaal le hizo debutar. El Jan Breydelstadion de Brujas fue el escenario. La Champions League, el marco. El 29 de octubre del 2002, a sus 18 años, Iniesta se hizo mayor. Aunque su verdadero sueño todavía estaba por cumplir: “Me estrené en un partido que ganamos al Brujas. Como ya estábamos clasificados jugamos mucha gente del filial, pero igualmente fue una experiencia muy importante para mí. Pero de lo que yo tenía ganas era de debutar en el Camp Nou”. Un partido ante el Recreativo de Huelva, ya en 2003, fue la excusa perfecta para cumplir su deseo (3-0). Sin embargo, pocos meses antes la Liga ya le había visto en acción. Fue en Son Moix, ante el Mallorca. Un partido en el que la cabeza de Van Gaal pendía de un hilo. Andrés fue titular, estuvo 59 minutos sobre el terreno de juego y contribuyó en la contundente victoria del Barcelona (0-4).
Tres estrenos; tres victorias. ¿Sería Iniesta una especie de talismán? Una duda similar debió plantearse Frank Rijkaard quien, en 2004, decidió apostar por él. Las buenas palabras hacia el holandés no faltan: “Rijkaard ha sido una persona que siempre ha depositado mucha confianza en mí y siempre ha sido muy claro conmigo. Desde el comienzo ya me dijo que tendría minutos y, aunque al principio saliera desde el banquillo, cada año he ido a más”. A sus 20 se le hizo su primera ficha como jugador del primer equipo. El gol ante el Milan de Shevchenko en el Trofeo Joan Gamper fue su tarjeta de presentación. Ya durante la temporada, pese a no salir siempre de titular, los minutos no le faltaron. Su consolidación estaba al caer.
Llegaron las dos Ligas, la Champions League y las Supercopas de España. Un espectacular botín que dio paso a dos años de sequía. El cambio de ciclo estaba cantado. ¿La marcha de Iniesta? Ni pensarlo. El adiós de Rijkaard abrió las puertas del banquillo a Josep Guardiola. Fue su espejo en su etapa en La Masia y con él aprendió en aquellos entrenamientos para ‘mayores’ bajo las órdenes de Serra Ferrer. Y ahora, con Pep como guía de la nave blaugrana, se abre un nuevo reto en la carrera de Iniesta. “Tener a Guardiola como entrenador es una verdadera motivación para todos nosotros”, afirma.
Una nueva aventura que no empaña los recuerdos de sus 12 años en el club; su media vida de color blaugrana. Algo que no le deja indiferente: “Después de tanto tiempo en el Barça tengo las mejores sensaciones posibles. Uno echa la mirada atrás y se da cuenta de que han pasado muchos años en los que, poco a poco, se han ido cumpliendo diferentes etapas”. De experiencias acumuladas durante todo este tiempo no le faltan. “En doce años hay muchísimos recuerdos, y todos ellos muy buenos. Ya desde el primer día que llegué. Sobre todo me acuerdo de toda esa gente que, como yo, llegamos con mucha ilusión pero que, con el tiempo, se ha ido quedando por el camino”, recuerda.
Todo ello nació en La Masia aquel día de septiembre. Un verdadero hogar para Andrés; la casa que le ha abierto las puertas del Camp Nou al igual que, en su día, lo hizo con numerosos jugadores de talla mundial. Guardiola, Xavi, Puyol, Messi, Cesc… futbolistas que han surgido de aquel ‘lugar mágico’ que parece convertir en oro todo aquello que toca. Iniesta, y quién mejor que él, sabe el porqué: “No sólo es La Masia, es el club que tiene algo especial. El trabajo de la cantera es muy importante para una institución tan grande porque se trata de una seña que permite identificarlo por allá donde pasa”. Un rasgo que, a diferencia de otros clubs, el Barça trabaja a la perfección. “Sería difícil encontrar los mismos resultados en otro equipo. Sólo hay que ver los nombres de los futbolistas que han salido de aquí para darse cuenta de lo especial que es el Barça”, reconoce.
Sport.es |