 En un club como el Alavés, historias parecidas a la de Jonathan Reguero deberían poder ser contadas al menos una vez cada nueva temporada. Porque la suya es la misma historia que tantas veces se escucha en el fútbol, pero que en Vitoria todavía no estamos demasiado acostumbrados a vivir. El relato del niño que acude todos los domingos a ver al equipo de sus amores y que con el tiempo acaba vistiendo su camiseta Y jugando en el campo donde tantas veces animó como espectador.
Desde luego, lo que nadie podrá nunca poner en duda es el alavesismo de Reguero. Que levante la mano aquel jugador del equipo albiazul, presente, pasado o futuro, que haya estado catorce años de socio antes siquiera de debutar con la primera plantilla. Y Reguero apenas tiene 19 años. Como suele ser habitual, su padre fue el que prendió la mecha: "Iba todos los domingos con mi padre, nos sentábamos los dos en Cervantes y veíamos juntos el partido", rememora el futbolista gasteiztarra, que el pasado sábado debutó como jugador de la primera plantilla en un amistoso precisamente ante sus antiguos compañeros del filial.
Preguntado por sus primeros recuerdos en la grada, Reguero retrocede a aquel gol de Serrano ante el Real Madrid en un partido de Copa, o se acuerda de aquella visita del Salamanca en la que se jugaba el ascenso. Pero, sobre todo, recuerda Dortmund, donde vivió en directo aquel histórico encuentro ante el Liverpool. Aún hoy revive las emociones de aquel día: "Fue muy duro, mi padre y yo lo pasamos muy mal y nunca me olvidaré de ese partido".
Pero, ¿quién es Jonathan Reguero? "El de la chilena", dirán algunos, en referencia a aquel gol que marcó con el filial en el último tramo de la Liga y que ayudó a que el equipo se mantuviera en la categoría, en unos días en los que las miradas de la afición estaban puestas en las penurias del primer equipo.
de olaranbe a Ibaia Criado en el barrio de Aranbizkarra en el seno de una familia "muy humilde", según sus propias palabras, estudió en el colegio Mercedarias, en cuyo equipo de fútbol infantil comenzó a marcar sus primeros goles, lo que llamó la atención de los ojeadores del Aurrera. El club de Olaranbe llamó a sus puertas e ingresó en su equipo cadete, hasta que unos años más tarde, el Alavés no quiso dejar escapar la oportunidad de tenerlo en sus filas. De aquella época en el Aurrera, Reguero recuerda que "fue una etapa muy bonita, siempre me trataron muy bien", aunque él se sintiera como un extraño en un equipo en el que "la mayoría de mis compañeros eran del Athletic", dice entre risas.
Tras el fin de la pasada campaña, el club rojiblanco, además de la Real, se interesaron por este jugador, aunque él prefirió permanecer en Vitoria a la espera de una buena oportunidad. "Siempre he tenido claro que quiero jugar en el Alavés. Es mi casa, y no me imagino debutando en otro estadio que no sea Mendizorroza". Y es que hace un par de años Reguero cambió el asiento junto a su padre en la grada de Cervantes por otro junto a su cuadrilla en la zona de las peñas. Cuadrilla en la que, desde pequeño, comparte amistad con su compañero Igor, al que vio debutar desde su asiento en el graderío. "Para mí fue como si hubiera debutado yo, lo pasé mucho peor que él, y el día que metió el gol fue algo increíble. No me imagino cómo tiene que ser eso".
CON LOS PIES EN EL SUELO Durante esta pretemporada, Reguero es la ilusión personificada. En Ibaia, el campo de entrenamiento del filial tan sólo se encuentra a unos metros del de la primera plantilla, pero ese pequeño espacio esconde un gran salto cualitativo. Ha abandonado a compañeros con los que comparte edad e inquietudes por otros con situaciones personales más heterogéneas, aunque desde el principio su nuevo vestuario le ha acogido como a uno más. "Todos me ayudan mucho. Calderón me da muchos consejos y Astudillo también habla bastante conmigo, poco a poco voy integrándome", señala. Pese a su corta edad, Reguero parece tener las cosas muy claras. Sabe que todo el sacrificio realizado a lo largo de su carrera deportiva empieza a dar sus frutos, y no está dispuesto a dejar pasar esta oportunidad.
Sólo tiene 19 años pero es consciente de su privilegiada situación, y de sus palabras se deduce que su familia es una de las causantes de que mantenga los pies en el suelo y sepa que aún le queda mucho por hacer. "En casa siempre me decían que lo primero eran los estudios. Si suspendía tres pero en el partido siguiente metía tres goles, a mi padre le cambiaba un poco la cara, pero a mi madre le daba igual, no le valía".
Su rostro comienza a ser reconocido y su mano empieza a firmar los primeros autógrafos, como a la salida del primer amistoso de la temporada disputado hace una semana. Reguero recuerda que, mientras, firmaba a los chavales que se lo solicitaron, -"¡Seguro que ni siquiera sabían mi nombre!", deduce- se veía a sí mismo hace unos años recibiendo las rúbricas de Magno, Navarro, o el que fue su entrenador en el filial, Pablo Gómez, del que asegura que "tanto él como Carreras me han enseñado muchísimo". El propio Rubén Navarro era uno de los ídolos de Reguero, e incluso llegó a compartir un par de entrenamientos con él durante la etapa de Piterman.
El club aún no le ha dejado claro si, una vez finalice la preparación previa al inicio liguero, volverá a jugar cada domingo con el filial en Tercera o pasará a formar parte definitivamente de la primera plantilla. La posibilidad de una cesión a algún Segunda B tampoco está descartada, aunque el deseo del joven goleador es permanecer en Vitoria a la espera de una oportunidad.
Su futuro en esta campaña dependerá en gran medida de si finalmente cristaliza la contratación de los dos ansiados delanteros para completar el ataque albiazul. El público de Mendizorroza está hambriento de nuevos ídolos, y sólo el tiempo dirá si las camisetas de Jonathan Reguero acaban convirtiéndose en las más vendidas dentro de unas temporadas. Si es capaz de convencer a José María Salmerón día tras día, entrenamiento tras entrenamiento, para que le dé una oportunidad. A reguero únicamente le quedará trasladar a la Segunda División la capacidad goleadora que ha demostrado en las categorías inferiores. Apoyo de la afición albiazul no le va a faltar.
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