 El silencio preside ahora el Bovalar. Pero si uno cierra los ojos, evoca el pasado y agudiza el oído, seguro que llega a escuchar los gritos de alguno de los miles de goles que se han celebrado allí. Hasta es posible que perciba, con el sentimiento a flor de piel, el aroma de las emociones que destilan los sueños de todos y cada uno de los que se han calzado las botas, de los que han pisado los campos de estas instalaciones desde 1960, cuando nació el primero de los terrenos de juego ubicados en la carretera de l´Alcora.
Mañana, Castellón asistirá a la inauguración de la Ciudad Deportiva Facsa. Un hito en la historia de la ciudad, no solo desde el punto de vista deportivo, sino también en lo social. No obstante, la génesis de este complejo se encuentra en el Bovalar, del que toma el testigo.
El Castellón --mejor dicho, su fútbol base-- ha disfrutado del Bovalar desde 1961, fecha en la que la familia Gimeno cedió, de forma desinteresada, estas instalaciones que había creado a raíz de la desaparición de los campos de la Cultural Deportiva.
El germen
La ciudad ya crecía a un ritmo vertiginoso y demandaba zonas deportivas. Así, Facsa puso el Bovalar a disposición de la sociedad castellonense. Eran los tiempos de la Obra Atlético Recreativa (OAR) y de equipos como el Castalia, San Fernando, La Casera o el Atlético de Castellón, que acabaría fusionándose con el juvenil albinegro.
Poco a poco, la cantera del Castellón fue creciendo y mejorando a medida que más y más futbolistas desfilaban por el Bovalar. Y, claro, acabaron llegando los éxitos, incluso a nivel nacional. Ahí queda el subcampeonato regional de juveniles en 1963, el campeonato nacional infantil de 1970... El Bovalar era sinónimo de cantera y de triunfos, una fábrica de sueños.
En vista de los buenos resultados, hacía falta una ampliación. El Bovalar dispuso de un segundo campo a partir de 1977. No fue casualidad que el fútbol base de la entidad albinegra viviera una nueva época dorada poco después, a principios de los 80, cuando centenares de aficionados respaldaban a las categorías inferiores del Castellón en cada uno de sus partidos.
Hubo que esperar una década más para vivir otro momento álgido. Ramón Miralles, responsable de los campos de la carretera de l´Alcora desde 1987, aún recuerda cuando Luiche alineó a nueve jugadores criados en el Bovalar, nada más y nada menos que en Primera División. Eran los Alfredo, Ximet, Javi, Emilio...
Miralles es capaz de recordar a las decenas de futbolistas que ha dado esta inagotable factoría. De Celeiro a Mendieta. De Villapún a Saura, Ribes o Alcañiz. Gente como Pepín Ferrer, Víctor Salvador, Tonín, Octavio, Ibeas, Pichi Alonso, Viña, Roberto, Causanilles o los actuales, caso de Mora y Dealbert, los últimos abanderados. La retahíla es interminable.
El Bovalar gozará de una merecida jubilación. Pero su espíritu estará en la Ciudad Deportiva, la nueva zona que Facsa pone a disposición de los futbolistas del presente y el futuro.
El Periodico Mediterraneo |