 241 equipos de 12 países del globo y 4.428 participantes. Doce sedes para once categorías. Siete días de competición y 600 partidos por delante. Son las cifras de una Donosti Cup que ya está aquí y que ayer quedó inaugurado de manera oficial en el espectacular acto que tuvo lugar en el Estadio de Anoeta ante cientos de personas.
Son todas éstas unas cifras que crecen año a año y que convierten al torneo guipuzcoano en uno de los más importantes del calendario internacional, como se demuestra en el creciente interés de equipos extranjeros por participar en él. Nadie quiere perdérselo y ayer quedó demostrado en una ceremonia con la que disfrutan no sólo los jugadores, sino también los acompañantes, padres y aficionados al fútbol en general que se dieron cita en el coliseo txuri urdin y que se lo pasaron en grande animando desde la grada.
Bienvenida y desfile
El programa de actos arrancó pasadas las nueve y media de la noche con unas palabras de bienvenida de los organizadores, que sirvieron de preámbulo a uno de los momentos más esperados por los participantes en el torneo: el desfile de cada una de las delegaciones. Ordenados por países y éstos a su vez por continentes, fueron llenando las pistas de atletismo del Estadio de Anoeta en un mosaico multicolor.
Los flashes de las cámaras brillaron hacia las gradas y desde éstas hacia las pistas, convirtiendo a los jóvenes futbolistas en estrellas de su deporte favorito al menos por unos minutos que recordarán siempre.
Y es que la Donosti Cup convertirá San Sebastián en la capital mundial del fútbol base durante una semana, con representantes de todos los rincones del globo. Ayer se pudieron ver equipos procedentes de Alemania, Canadá, España, Francia, Israel, Italia, Marruecos, Perú, Portugal, Rusia, Senegal y Estados Unidos, dispuestos todos a pasar siete días de fútbol y diversión, conociendo compañeros de otras culturas y compartiendo su pasión común por el deporte, como no podía ser de otra manera en niños de estas edades.
Homenaje
Uno de los momentos más emotivos de la noche estaba reservado a uno de los conjuntos debutantes en el torneo, el Abu Gosh-Mevaseret de Jerusalén. En un viaje que le está llevando alrededor del mundo, esta plantilla, formada por jugadores judíos y árabes, quiere demostrar que el deporte se encuentra por encima de las culturas y de las diferencias políticas y religiosas.
Así, el plantel al completo subió al escenario, donde se le bailó un aurresku de honor. Desde aquí quiso difundir un mensaje en hebreo y árabe y lanzar una paloma, símbolo de la paz.
Tras unos momentos breves pero sin duda emotivos llegó la parte final de la celebración, con las coreografías de un grupo de 150 niñas y la traca final en forma de fuegos artificiales, con las luces del estadio apagadas y que pusieron en pie a todos los asistentes.
Pocos niños olvidarán sin duda la noche de ayer. Y a pesar de haber dormido poco por todas las emociones contenidas hoy es momento de vestirse de nuevo de corto y saltar de nuevo al terreno de juego, dispuestos a pasárselo bien y a hacer nuevos amigos. No hay que olvidar que, en el fondo, la Donosti Cup es deporte, pero también un encuentro de culturas de los cinco continentes.
Diario Vasco
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