 El enfrentamiento entre charros y palentinos respondió plenamente a las expectativas que se presumían antes del inicio de la contienda: conjuntos muy bien asentados sobre el terreno de juego, apuesta por la presión en todas las líneas y, por último, un más que aceptable buen trato del balón.
En contrapartida, una nota diferenciaba ayer claramente la configuración de las escuadras sobre el césped: la veteranía de unos y otros. Este parámetro y no otro fue el que terminó por ser decisivo: el Palencia supo poner en práctica la experiencia en momentos puntuales del choque para sacar de quicio a un oponente que se afanaba, una y otra vez, en buscar petróleo por el camino equivocado.
El entrenador morado, Pepe Calvo, que suele ser bastante conformista en sus planteamientos, optó por enésima vez por volver a repetir la misma alineación de la última semana, su habitual esquema táctico 4-4-2, pero más serio que nunca: una retaguardia sin concesiones, un centro del campo trabajador y punzante por los carriles y una pareja de vanguardia (Carlos-Canario) más compenetrada que nunca.
Enfrente, el filial salmantino planteó un sistema 4-3-2-1, dejando como atacante a Alberto.
El Palencia no dejó lugar a las dudas en el terreno charro y, contrariamente a lo que pensaba su preparador Jesús María Luis Pereira, la escuadra de Calvo salió a morder desde el sonido del pitido inicial, dejando sumidos en una crisis de ideas a los jugadores locales.
Tras el lanzamiento de dos saques de esquina consecutivos llegó el primer y único gol del envite. Agostinho botó un saque de esquina muy cerrado y Canario, totalmente solo libre de marca en el área local, remató con la cabeza hasta el fondo de la red. Era su sexto gol del campeonato y el segundo anotado con la testa. Además, era su primer tanto lejos de La Balastera.
Claro dominio visitante
El Palencia comenzó a sentirse más cómodo que nunca, jugando a sus anchas, sin sentir peligro sobre su portal. Además, se perdió muchísimo tiempo cada vez que el esférico salía fuera del césped, debido a la pista que circunda el terreno de juego.
Recordar que en todo el primer período, el Salamanca B no disparó ni una sola vez sobre la portería protegida por el cancerbero Rebollo, mientras que la formación morada pudo haber incrementado su renta anotadora con sendos disparos de Carlos, en los minutos 25 y 36, perfectamente repelidos por le guardameta Álvaro.
Ni los gritos del preparador salmantino Chuchi Pereira (¡Vamos, espabilad!), ni la claridad de ideas, estaban por surgir en el bando local. El Palencia, en cambio, dio un recital de colocación, presión, desborde y ganas de victoria. También hubo alguna jugada protestada en ambas área, sin consecuencias finales.
Tras el reglamentario descanso, el guión fue el mismo que el de los compases iniciales: salida en tromba visitante, que se tradujo en un espejismo a los pocos minutos de la reanudación.
Un doble cambio en las filas charras, que potenció la zona de vanguardia y la de mediocampistas, puso en evidencia al Palencia, que no supo responder desde el banquillo a esta variación de posiciones.
La rapidez por las bandas y las jugadas de estrategia fueron los mejores argumentos foráneos para crear peligro y el Palencia no movió pieza. A falta de diez minutos para la conclusión llegó el momento esperado por los aficionados visitantes: el último fichaje morado, el delantero Paulino, salió al césped y le dio tiempo a todo (forzó dos remates con marchamo de gol, reclamó un penalti y recibió una tarjeta amarilla). Esa fue su carta de presentación.
Los cuatro minutos de descuento decretados por el colegiado Ruiz Sánchez sirvieron para que el Palencia perdiera más tiempo con los últimos cambios.
Norte Castilla
|