 Explique cómo empezó todo.
-En 1997 me llamó Ramón Martínez. Necesitaban que entrenase a los porteros. Acababa de terminar mi carrera profesional y me pareció una gran idea. Empecé con los pequeñines. A las tres semanas ya estaba con todos los que tenían guantes.
Luis Tapias fue guardameta. Llegó a Zorrilla para probar, pero las puertas estaban selladas. Así que jugó en el Palencia casi toda su vida profesional. Cuando colgó los guantes, llegó la llamada de Ramón Martínez. Y hasta hoy.
-¿Ha calculado a cuántos porteros ha entrenado en este tiempo?
-Por lo menos a 180.
De esos 180, dos han llegado a la élite. Por el momento. Y lo han hecho en el segundo lustro del tercer milenio, cuando los cancerberos comienzan a escasear en la piel de toro. «Hay un déficit de porteros», corrobora Tapias. «Antes ibas al País Vasco y fichabas uno sin problemas. Ahora no. A veces hablo de ello con Roberto Olabe, que también fue guardameta. Porque entre los porteros siempre hay cierta empatía».
La llegada a Primera División de Jacobo y Asenjo culmina un trabajo en cadena en el que han intervenido muchas personas. Entrenadores, médicos, fisioterapeutas, delegados... «El caso de Jacobo es especial. Se trata del único portero que ha pasado por todas las categorías inferiores del Real Valladolid. En Infantil B empezamos a trabajar con él. Sergio empezó en Cadete B».
-¿Se veía que iban a llegar?
-Quien diga eso conoce poco el fútbol.
Lo que sí detectaba el ojo clínico de Luis Tapias era el potencial que atesoraban los chavales. Con Sergio Asenjo existían pocas dudas («de ahí que le cuidáramos especialmente», señala). Con Jacobo, en cambio, las doctas opiniones se dividían. «Algunos pensaban que no llegaría. Otros sosteníamos lo contrario. Le ha costado, pero ahí está».
Jóvenes porteros siguen cociéndose en los Campos Anexos. ¿Tocarán el cielo de la Primera? «Hay chavales que tienen proyección y pensamos que cuentan con posibilidades. Pero influyen muchas cosas. Está el entorno, que puede ayudar o perjudicar».
Si Luis Tapias quisiera todas las páginas de esta sección (y seguramente del periódico) podrían llenarse con jugosísimas anécdotas de los últimos once años que ha vivido. Un botón de muestra: «Hace unos cuantas temporadas el Cadete A contaba con tres porteros. Juan Luis, Asenjo y Jacobo, que solía perderse muchos entrenamientos por problemas en la espalda. El caso es que Juan Luis fue convocado para realizar entrenamientos con la selección española. Más tarde, llamaron a Sergio Asenjo y a Juan Luis para el campeonato de España de cadetes. Jacobo se quedó. Juan Luis desapareció, aunque llegó a jugar en el Íscar. A Jacobo se le 'limpió'». Y cada vez jugó mejor.
En la actualidad, Asenjo y Jacobo (que la pasada semana sufrió una rotura de fibras con el Getafe) se han convertido en dos de los mejores activos del Real Valladolid. Eso también implica más atención periodística hacia todo lo que emana de 'los-tres-palos', incluido este artículo. Pero el trabajo se ha hecho durante una década. «No es por azar», asegura Luis Tapias. «Ahora aparecen Asenjo y Jacobo en los periódicos. Antes no salía nada y estábamos aquí trabajando de cinco a nueve de la tarde».
-¿Están locos los porteros?
-En realidad tienen que estar muy cuerdos.
Sergio Asenjo, por ejemplo, posee una cualidad asombrosa. «Juega igual en Primera División que si estuviera en el patio de su casa», analiza Tapias. El año pasado supo sobreponerse a la presión ambiental de debutar en Primera con 18 y con la portería sometida a un fuego cruzado por continuos errores anteriores. «No sabemos dónde va a llegar», confiesa. «Hay una edad en la que todo es físico. Luego llega la unión del físico con la experiencia. En ese punto está hora Iker Casillas. Cuando lo tenga Sergio...».
La grabadora se apaga y el forjador de porteros se dirige a los Anexos. La mayoría de los aficionados no le conoce, pero pregunten por él a 180 guardametas.
|