Miles de niños son objeto de tráfico entre África y clubes europeos
El presidente de la FIFA, Sepp Blatter, ha acusado a los grandes clubes europeos de llevar a cabo una «violación económica y social» por la compra de jóvenes jugadores africanos a bajo precio. Blatter también ha manifestado su preocupación por la proliferación de agentes sin licencia que prometen carreras ficticias a jóvenes promesas en el continente negro. A pesar de una legislación internacional que prohíbe los traspasos internacionales de menores de dieciocho años, existen argucias para soslayarla y aún persiste un flujo semiclandestino entre los países de África Occidental y clubes europeos.
En los países del Golfo de Guinea, especialmente en Costa de Marfil, proliferan las academias, generalmente sin licencia, ávidas de pequeños que aspiran a huir de la miseria gracias a sus habilidades con el balón. Algunos padres pagan cantidades muy elevadas con la esperanza de que el futuro profesional del pupilo redima a toda la familia. Save the Children ha comprobado que, en algunos casos, muchos de estos aspirantes acaban hacinados y malnutridos en instituciones que no cuentan con garantías y su formación es tan escasa que ni siquiera son aceptados en los equipos locales.
La situación de la mayoría de los que consiguen llegar tampoco es halagüeña. Aterrizan en París o Roma siendo aún menores y con visados turísticos. Sus problemas comienzan cuando son rechazados en las pruebas de acceso o no se renueva su contrato, y resultan abandonados a su suerte. Muchos permanecen en la calle o realizan trabajos ilegales para subsistir. La vergüenza del fracaso y el peso de la deuda contraída por sus padres también dificultan el regreso. Culture Foot Solidaire, una ONG que lucha contra este problema en Francia, calcula que puede haber 7.000 jóvenes malviviendo en las calles tras haber fracasado.
La misma entidad ha solicitado el cierre de Aspire, una academia qatarí que ha hecho pruebas a 400.000 menores en África y a la que acusa de practicar un tráfico con menores. Sin embargo, también hay iniciativas positivas como la del jugador del Barça Samuel Eto'o, responsable de una escuela cerca de Yaundé, la capital de Camerún, donde 300 niños aprenden la técnica del balón, son respetados y reciben una alimentación correcta.