 A Raúl Fernández-Cavada le queda un largo camino hasta llegar a su meta: convertirse en portero de Primera con el Athletic. Por eso ha permanecido toda la temporada callado. Cuando lo que queda por andar es tanto, lo mejor es guardar silencio.
Portero de planta espectacular (196 centímetros y 90 kilos), detrás ha dejado atrás una fulgurante carrera en la cantera rojiblanca. Ascendió sin descanso, año a año. Cuando se preparaba para estrenarse en Segunda B fue designado tercer portero rojiblanco.
No pudo haber mejor recompensa para diez años en Lezama, la mitad de su vida. «Un día me detuve a mirar la foto de mi primer equipo alevín en Lezama. Sólo sigo yo. Me di cuenta de lo complicado y duro que es el camino que he recorrido».
Ha habido muchos sacrificios. «Casi he pasado más tiempo con los entrenadores de Lezama que con mis padres». Estudiaba en el deriotarra Colegio Francés y su madre le mandaba con tres bocadillos a cuestas. «Uno para el recreo; el segundo, para el autobús que me llevaba a Lezama a entrenar; y el tercero, para el autocar en el que iba a las actividades extraescolares».
Un salto esperado
Lezama no ha sido, desde luego, un modo de perder el tiempo. «¿Juergas con los amigos? Cero. ¿Vacaciones? Las justas. He hecho ejercicio y me he cuidado en el comer. Estoy en mi peso ideal, 90 kilos sin grasa. Tengo novia desde hace dos años y me ha venido bien. El fútbol me ha quitado cosas, pero ahora empiezo a disfrutar después del sacrificio». El camarero de un hotel bilbaíno le pregunta qué quiere tomar. Son las tres de la tarde. ¿Un café, quizás? «Mosto sin hielo», responde sin asomo de duda.
Su llegada al primer equipo fue vista en Lezama como la crónica de un salto esperado. Raúl es un portero seguro, al que le gusta imponerse por arriba, con un certero juego de pies y con el que basta hablar media hora para reparar en su madurez mental. Sin embargo, en el primer equipo no ha pasado de la condición de suplente. Ni siquiera se le dio una oportunidad cuando Aranzubia firmó los peores partidos de su carrera tras la lesión de Iraizoz.
Al poco, se firmó a un portero de 37 años. No había una oportunidad para el joven, pero no ha caído vencido por el pesimismo. «Tengo cosas que le gustan al entrenador, pero no me puso porque quizá le parecía demasiada responsabilidad jugársela con un portero joven con el equipo en una situación tan delicada».
Extraño destino el del fútbol. Cuanto más arriba ha llegado, menos importante se ha sentido. En todo caso, no da la campaña por perdida. Ni mucho menos. Le ha valido para acercarse a la élite. Sólo por los momentos que ha compartido con los otros porteros, pero sobre todo con Armando, habría merecido la pena. Raúl dice que ha aprendido y se ha sentido apreciado por todos sus compañeros.
Sus ojos brillan cuando se refiere a Armando. «Aprendo de él porque es un tío que vive el fútbol a tope y tiene experiencia. Está muy encima mío en Lezama. Casi todos los días nos sentamos a charlar y me da consejos. Le gusta que le narre los goles que me han metido y me explica cómo solucionarlos. Remarca mucho la necesidad de estar muy tensionado entrenando. En lo que más insiste es en que esté tranquilo, que este camino del portero es muy largo. Desde luego, él mismo es un ejemplo de que si trabajas, te cuidas y tienes calidad en cualquier momento puede aparecer tu oportunidad en el Athletic».
Raúl tiene razones para pedir más minutos. No levanta la voz. Ni siquiera a micrófono cerrado se le escuchará un reproche. Pero siente que lo que necesita ahora es continuidad. «Quiero trabajar con la sensación de tener una temporada por delante».
La decisión la deja en manos del club. «No estoy en condiciones de pedir nada. Lo que ellos digan será lo mejor. Si quieren que siga en el Bilbao Athletic, encantado. Si desean que me vaya cedido, bien a un Segunda A o Segunda B, también me parecerá bien. Es una opción que no me parece mala y que incluso me motiva porque me permitiría trabajar fuera».
Lo que quiere es una temporada completa con un equipo, sin el sobresalto de bajar de uno a otro, como le ha sucedido esta campaña. Así pondrá en marcha uno de los consejos de Armando que se le han quedado grabados a sangre y fuego. «Fuera del campo hay que ser humilde y trabajador, pero en el campo tienes que sentirte el mejor».
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