 Lo que fue un partido espantoso, plagado de errores y sin fluidez alguna en el juego, fue también el bautismo goleador de un juvenil del Fabril, Chirri, quien se inventó un gol maravilloso a seis minutos del final con el que dio el triunfo a su equipo y aniquiló la maldición particular que tenía con los rivales vascos. Desde la banda ingresó el chaval extremeño en el área, preparó su derecha y envió el cuero en dirección a la escuadra, tocó en el larguero y batió a José Carlos, portero del Barakaldo. El Fabril celebró su tercera victoria en la liga, descansó así ayer fuera de los puestos de descenso y hoy espera volver a dormir a pierna suelta por encima del decimoséptimo puesto.
Chirri revolucionó de nuevo un partido del Fabril, como el día de la victoria sobre el Marino, cuando en el minuto 70 le dio otra marcha al equipo, generó oportunidades y sobre el límite del tiempo consiguió la victoria con un gol de Lassad. Ayer no hubo que esperar tanto al efecto Chirri. El pequeño extremo fabrilista salió antes al campo, en el 58, se movió por su banda, la derecha, por donde lo buscaron los compañeros. Desde entonces tuvo el equipo sus llegadas más claras al área contraria y, de tanto acercarse al gol, acabó marcándolo.
El partido fue otra historia, una calamidad. No se vieron más de tres pases seguidos en uno y otro lado. El árbitro se inventó dos penaltis, uno para cada equipo, y los dos los fallaron. Incluso las mejores oportunidades en cada bando para marcar fueron invalidadas antes del último remate por fuera de juego. Es lo que tiene jugar contra los experimentados equipos vascos, que uno se contagia -o tiene que contagiarse- de su fútbol áspero y directo para combatirles con sus mismas armas. Entonces un partido se convierte en un atasco donde no hay cabida para la claridad de ideas ni para la soltura de movimientos.
Pocas cosas le salieron bien ayer al Fabril, salvo el gol, que fue perfecto. En el primer tiempo no avanzaba, lo obstaculizaba la presión del Barakaldo, y mientras Rochela buscaba aire con envíos hacia las bandas, Momar se escondía por el centro unos metros más adelante. Tito Ramallo abroncó a los dos jugadores y dejó en el vestuario al francés para dar entrada tras el descanso a Dani, mucho más dinámico y con disparo. El colegiado creyó que un roce entre Castillo y Bolo debía ser castigado y señaló un penalti ridículo a los veinte minutos que Solaun desaprovechó con un fuerte disparo al poste.
En la segunda parte el Fabril tuvo más el balón. Chirri ya estaba en el césped cuando el árbitro compensó el penalti mal visto en el primer tiempo con otro también inexistente en el segundo por un tropezón entre Lassad y Solaun. José Carlos se lució en el lanzamiento de Iván Pérez. El Fabril siguió insistiendo y el delantero francés no escatimó fatiga, desde lejos disparó junto al palo y después le regaló un balón a Chirri que envió muy desviado. Pero el extremeño enmendó ese error con otro chut fabuloso que acabó en la red. El meta asturiano Manu evitó el empate de Imaz acto seguido.
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